viernes, 12 de octubre de 2007

Intolerancia y dominación

El deseo de dominación como promotor de la intolerancia.

“Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.”
Declaración Universal de Derechos Humanos, Artículo 1.

En mi opinión la intolerancia se debe a tres factores principales: el deseo de dominio, la pereza mental y la impaciencia.

Como un ejemplo de deseo de dominio tenemos el caso del papa Gregorio “El Grande” que escribió una carta a un obispo que decía: “Nos ha llegado el informe, que no podemos mencionar sin rubor, de que enseñáis la gramática a ciertos amigos”. Y el obispo fue obligado a desistir de su “maligna labor”*. Los involucrados y las personas en general pudieron haber cuestionado: “¿Realmente estudiar es causa para que alguien se ruborice?” “¿Tan vergonzoso es el hecho de aprender gramática?” Yo me pregunto si ellos simplemente aceptaron su “error” y desistieron de sus estudios.

El jerarca hizo gala de intolerancia al no aceptar que las personas se educaran. Quizás estaba deseoso de mantener en ignorancia a la gente y, para controlarla con facilidad, se oponía todo esfuerzo educativo. Lo mas indignante de la frase es que 'no podía mencionar sin rubor'. Dando a entender que la educación es tan vergonzosa como un "pecado sexual", tratando así de manipular las emociones del obispo.

Con el fin de enriquecerse y mantener el poder los gobernantes han sido intolerantes a las quejas de sus gobernados. Pero quienes llevan la intolerancia a su máxima expresión han sido los líderes de las religiones, quienes al colocarse a sí mismos como representantes de los “poderes superiores” han tratado de suprimir todo tipo de competencia: “Si no nos obedeces a nosotros, que somos los embajadores de Dios, entonces eres enemigo de él, es decir, un sicario del diablo”.

Pero los líderes políticos y religiosos no han sido los únicos renuentes a aceptar el derecho de otros a pensar y a ser diferentes. Dentro de la gente común muchos tratan de dominar constantemente los pensamientos y acciones de otros, como ejemplo basta el sometimiento de la mujer a lo largo de la historia.

El deseo de dominación surge de los instintos que nos impulsan a buscar estabilidad, si dominamos algo le podemos quitar cualquier factor de inseguridad que nos amenace. Sin embargo esta lucha del individuo por conseguir estabilidad no involucra necesariamente al resto de la humanidad, por lo que el ser humano debe usar la inteligencia y la razón para buscar un mundo más justo en el que los intereses de unos cuantos no prevalezcan sobre los demás ni los fuertes tengan dominio sobre los débiles.

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Nota: * Bertrand Russell; “Porqué no soy cristiano”; Poked Edhasa; 1979; página 19.